Hay miedo para todo y nadie está exento de tener alguno.

En el fondo, son historias de terror que nos contamos al oído.

Son películas absurdas creadas en la imaginación.

Pero hay que reconocer que detrás de los miedos hay algo más profundo que descubrir: ninguno se percibe con la misma intensidad.

Podría decir que hay dos grandes grupos: los -miedos racionales- y los -miedos irracionales- Ambos cumplen funciones vitales en nuestro interior.

Los “racionales” funcionan como un mecanismo de defensa. Por ejemplo, si un perro nos gruñe evitaríamos tocarlo.

Hay un sistema de alarma que nos avisa en situaciones en la que está en peligro nuestra vida o la de nuestros seres queridos.

También están los miedos que nos contamos hacia adentro. Los que construye nuestra mente para mantenernos “a salvo” en la zona de confort. Este miedo no existe, es una ilusión, un muro que nos puede causar mucho dolor y nos provoca separación.

A fin de cuenta el miedo es sólo uno que va cambiando de máscaras.

¿Conoces cuáles son los 14 miedos universales?

  • Miedo a morir.

  • Miedo a fracasar.

  • Miedo al conflicto.

  • Miedo a tomar decisiones trascendentales.

  • Miedo a hablar en público.

  • Miedo a no tener los conocimientos suficientes o ser ignorantes en algo.

  • Miedo a perder a la familia.

  • Miedo a la pobreza.

  • Miedo al éxito.

  • Miedo a perder un empleo.

  • Miedo a la soledad.

  • Miedo a la incertidumbre sobre el futuro.

  • Miedo a la mala salud.

  • Miedo a ser rechazado.

Ahora, quiero llevarte más hondo para que puedas encontrar lo que te hizo daño. Lo sé, no es fácil bucear en nosotros mismos para encontrar el quiz de la cuestión. Aún, así, es bueno traer a la luz aquello que tanto dolor nos causó en un momento dado.

¿Hagamos un viaje al pasado con este ejercicio de autoconocimiento?

Ponte de pie y cierra los ojos. Respira profundamente tres veces como mínimo o hasta que puedas bostezar.

¿A qué le temías de niño? ¿Lo recuerdas? Tómate unos minutos para hacer memoria. Puede que ese recuerdo te haga llorar porque ha sido traumático para ti.

Deja que esas imágenes aparezcan con todo su dolor. No las reprimas, no es momento para eso.

¿Te sentiste abandonado o rechazado? ¿Te dejaron sólo en la oscuridad?

Hurga, busca, abre la herida para que salga el pus.

Cierra los ojos y recrea la situación mentalmente.

Detrás del miedo hay un dolor encapsulado que quiere liberarse.

¿Puedes imaginártelo? Siéntelo de verdad.

Ahora llegó la hora cortar las cadenas que te unen él.

Imagínate que eres un niño pequeño.

Imagínate, al mismo tiempo, que eres adulto. Ahora observa al niño a los ojos. ¿Qué te gustaría que te dijera? Sería, tal vez, “aquí estoy yo para ayudarte” ,“nada te va a pasar”, “voy a estar contigo para siempre.”

(Esas palabras me las dije yo mientras abrazaba mentalmente al niño herido que llevaba dentro).

¿Qué palabras te dirías tú? Seguro que van a ser las cosas más hermosas que nadie te dijo nunca.

Conversa con él desde la alegría o la tristeza, pero sin remordimientos. No eres culpable de nada.

Después abraza a tu niño interior, tómalo de la mano, cuídalo.

Sé el adulto que te hubiese gustado tener de pequeño. Eres el único al que al tienes que cuidar. Trátate con cariño.

By |2019-01-27T20:17:27+00:00enero 27th, 2019|Autoayuda|0 Comments

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